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Columna de Ferchu: Ultima Forsan
Lo leiste? Contame que pensas:
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Tic. Tac.
¿Qué te motiva? Que te motiva realmente? Que te hace ir mas allá?
Espero que algo te motive! Hay personas que se contentan con viajar en el asiento de atrás en el auto de la vida, hasta que alguien los entierre. Personas que se conforman con no hacer lo que quiera que sea que quieren hacer con sus vidas. Se conforman con la mediocridad, incluso menos. (Ah, por cierto, a estas personas conviene evitarlas como la plaga, están enfermas y su enfermedad es contagiosa y terminal).
¿Que me motiva a mi?
La Muerte.

¿Temo a morir? No. ¿Suena mórbido? Tal vez. Pero no lo veo así. La Muerte me motiva, vivo con la certeza de que todo se va a acabar un día. En cierto sentido vivo perseguido por calendarios y relojes. Y tampoco me animo a apostar esta vida en la ruleta de “la vida después de la muerte”. Se necesita fe. Trate de creer…
En el pasado, los relojes eran decorados con una frase en latín: “ultima forsan”, “quizás la ultima”. Pensalo un poco: cada vez que miras el reloj, tenes un pequeño recordatorio de que este año, este mes, este día, esta hora, tal vez, es la última.
No tengo un reloj con “ultima forsan” grabado en el, tampoco un tatuaje. Quizás, lo debería poner como protector o fondo de pantalla, para no perder tanto el tiempo. O “la Parca te espera”. Close enough.
Que te motive la muerte tiene dos caras. Tiene su lado bueno y su lado malo al mismo tiempo. Te late más fuerte el corazón, a cada impulso te da fuerza para triunfar, explorar, descubrir. Te pone una llama debajo del traste, cuando te descubrís tirado en un sillón viendo repeticiones de series que ni siquiera te gustaron la primera vez que las viste. En muchos sentidos es bueno escuchar el tic-tac del reloj de la muerte.
Pero no siempre.
Nosotros, los individuos motivados por la muerte, no le tememos a morir, pero somos conscientes de ella (la Muerte). Lo que en verdad tememos (¿por qué hablo en plural? Porque espero que haya muchos hermanos de espíritu míos ahí afuera, motivados por la muerte, o motivados al fin), lo que en verdad tememos, es la rutina.
Porque cuando nuestra vida se achancha, sentimos como el tic-tac se acelera y su sonido se amplifica. Hasta casi podemos zumbido el corte de la guadaña al cortar el aire…
El problema es claro: la vida está llena de rutinas. El trabajo se puede volver rutinario, relaciones se pueden volver rutinarias. Las personas están programadas para seguir rutinas, es un mecanismo de supervivencia ancestral. Buscamos la estabilidad. Pero después de años de estabilidad, descubrimos al final que solo encontramos estancamiento.
Que hacemos entonces? Vamos a trabajar, a estudiar, nos movemos a través de nuestra rutina diaria, para poder acostarnos y volver a empezar a la mañana siguiente. Parecemos más autómatas que personas de libre albedrío. Autómatas conectados a una matriz. Y para aquellos de nosotros que podemos oírlo, el tic-tac se hace más fuerte, y la guadaña blande cada vez más cerca.
Mas arriba, pregunte que te motiva. Pero quizás el deseo y la motivación sea más una maldición que una bendición. A veces me da envidia de las personas que están felices con lo que tienen, felices con su situación en la vida, contentos simplemente en lo que es y no con lo que podría ser. Porque para ellos, la rutina es confortable y el reloj es silencioso.
Aquellos de nosotros que oímos el reloj tenemos que encontrar un balance, un justo medio o no tenemos que preocuparnos por la guadaña, simplemente nos partiríamos al medio, en un seppuku interno, mucho antes de que la guadaña nos degüelle. Pero la opción que elegimos es mas difícil de tomar de lo que una vez pensamos.
A veces esos nobles ideales de la adolescencia se nublan un poco con la realidad de la vida adulta. Parte de tu mente grita que se detengan las manecillas del reloj, mientras otra parte se tienta en ver en un estado casi alcoholizado y mareado, su hipnótica marcha. Otra parte incluso, se preocupa de que tratar de parar las manecillas sea como tratar de poner una barra de acero entre las astas de una turbina de avión.
¿Llegaste hasta acá? ¿Estas esperando la solución a todo esto? ¿Una conclusión feliz de un solo renglón que le de sentido a tu vida? ¿Unas migas de sabiduría caídas de una galletita de la fortuna, que te muestre el camino?
Malas noticias.
No la tengo para vos.
Yo también estoy acá. De pie. Mirando el reloj. Con una barra de acero en la mano.
Ultima forsan.
La Parca se acerca.
Tic. Tac.

Y ahora?
Que te motiva?
Que te motiva a vos?
Hubo una vez un hombrecito que se contentó con ser azul
en un mundo azul.
Un hombrecito fue verde, en un mundo de verdes y triunfó.
Rojos y grises pelean por imponerse.
Y yo?
Soy gris? Soy de color?
Que me motiva? Hacer que cada día sea de color.
De todos los colores. Pintarlo todo.
No ser nunca un hombrecito gris.
Quiero ser y dar color.
There you go.
Y vos?

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